Fue lesionada con arma blanca y atacada con ácido, y sigue siendo perseguida. 'Yo solo quiero volver a salir a la calle tranquila': víctima.
Sofía* mira para todos los lados, tarda en sentir confianza para contar su testimonio y su respiración se agita cuando recuerda el día en el que un rocío inesperado borró su rostro.
Dos años antes esta mujer había decidido terminar una relación enfermiza con Fernando, un hombre 20 años mayor que ella y que le había dejado marcas de maltrato físico y sicológico.
Lo que se pensó iba a ser el punto final fue el comienzo de una trágica historia de persecución y amenazas. "Era celoso, posesivo.
No quería que estudiara, trabajara o que tuviera amigos. Por eso lo dejé".
Lo más difícil de la situación fue lidiar con la custodia de su hijo, porque el niño se convirtió en el arma de chantaje de su exesposo.
Sofía también fue despojada de sus pertenencias y tuvo que dejar a su hijo con sus padres al no tener cómo garantizarle una vida digna.
Durante todo ese tiempo Fernando se obsesionó a tal punto que la seguía a todas partes. "Me esperaba a la salida de clases, en mi trabajo, y era mi sombra cuando decidía retornar a casa en la noche".
Ella le dijo muchas veces que su relación había terminado. "Su actitud era enfermiza. Me decía que lo perdonara, que él me amaba y que me iba a dar todo lo que yo necesitara".
Una noche, después de rogarle a Fernando que la dejara en paz, en una cafetería del 20 de Julio, Sofía se sintió perseguida.
"Cuando me di cuenta, él me estaba atacando con un cuchillo en el corredor de la casa donde yo vivía. Me decía que si yo no era para él, no era para nadie", contó.
Unas bolsas de ropa que vendía la salvaron de ser asesinada, solo un puntazo la lesionó. "Los médicos dicen que si lo hubiera enterrado, me hubiera dado en la yugular. Era mortal".
La denuncia
Luego del incidente Sofía se dirigió a una comisaría de familia; de allá la mandaron a la Fiscalía, argumentando que era intento de homicidio, pero estando allí le dijeron que era violencia intrafamiliar.
"Me decían que, como solo tenía diez días de incapacidad y que como no tenía afectado ningún órgano, no me podían recibir la denuncia, que me fuera a una comisaría".
Hasta la Policía le dijo que no podía hacer nada. "Solo a la tercera vez de ir a la Fiscalía me recibieron la denuncia", contó.
Finalmente, en el Centro de Atención a Víctimas de Violencia Intrafamiliar (Cavid) la escucharon, pero la solicitud dejó perpleja a Sofía. "Me dijeron que si yo no ubicaba a mi agresor y les decía exactamente dónde estaba, ellos no podían hacer nada. Me dijeron que no me podían cuidar".
Después del ataque Fernando siguió buscándola. "Me decía que me había atacado en un momento de desespero. Él había usado un cuchillo. Todo era premeditado". La persecución continuaba.
El 24 de diciembre, mientras Sofía trabajaba vendiendo ropa en San Victorino, Fernando apareció a pedirle una nueva oportunidad.
"Le dije que no". Las palabras siguientes fueron el preludio de una nueva tragedia: "Téngalo presente; si usted no es mía, no va a ser de nadie. En su cara me voy a cagar y con la justicia me limpiaré el culo".
Así fue. Ese día, en la carrera 10a. un desconocido roció el rostro de Sofía. "Sentí que se me desmoronaba la cara, un quemón terrible, y que alguien decía a lo lejos: 'De parte de Fernando' ".
'Crónica de una muerte anunciada'
Para Isabel Agatón Santander, directora del Centro de Investigación en Justicia de Estudios Críticos en Derecho (Cijusticia), el feminicidio es la 'crónica de una muerte anunciada', es decir, siempre está antecedido de otros hechos de violencia por parte de un hombre hacia una mujer. "Es el asesinato de una mujer por el hecho de serlo. Es una expresión del control patriarcal que ejercen los hombres sobre la libertad y el cuerpo de las mujeres".
Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Bogotá
- Fecha de publicación
- 15 de marzo de 2013
- Autor
- Carol Malaver Redactora de EL TIEMPO
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